La Moda Belga Tiene Un Nuevo Concepto Del Lujo

La Moda en París

¿Quién lo hubiese pensado? El Gotha de la moda internacional tiene su sede en un pequeño país del norte de Europa. Un territorio antiglamour, antilentejuelas, antifrívolo: Bélgica. Los belgas se han convertido en el núcleo de la moda.

Desde principios de los años 80, esta ha sido la cuna de la moda vanguardista. En este país se encuentra la célebre Academia de Bellas Artes de Anvers, una de las más reputadas escuelas de diseño en el mundo. Allí se formó Martín Margiela, quien dirige actualmente la creación de la casa Hermes.

 

Luego le siguió el resto: Dries Van Notten, Ann Demeulemeester, quienes gozan hoy de una gran aclamación comercial y artística; Dirk Bikkembergs, Jurgi Peersons y A.F. Vandevorst, quienes hacen la una de las mejores revistas de moda, sin olvidar a Dirk Vaan Saene y Veronique Leroy. Los belgas son hoy lo que fueron los japoneses en la década de los ochenta.

Su secreto es indescifrable, pero su rigurosa academia tiene mucho que ver. Los pocos estudiantes que sobreviven (el año pasado, por ejemplo, sólo se graduaron 60) tienen enorme talento.

 

Rústico-urbano

Los jóvenes creadores nos han familiarizado con un estilo rústico-urbano, ropas modernas, austeras, casi andrógenas, llenas de sensibilidad, una moda que a pesar de refinarse con los años, permanece alejada de los códigos de elegancia parisina y de las extravagancias de los diseñadores ingleses.

 

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La política de los belgas tiende a preservar el confort cotidiano. Cuando los italianos enseñan las piernas y los franceses los senos como símbolos de femineidad, los belgas muestran la espalda. Más sutiles, más de acuerdo con la evolución de la mujer, su verdadero rol en la sociedad y su forma de vivir en el mundo.

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Los belgas también viven su fama con cierta humildad y una discreción espontánea, una reserva nórdica, la misma que les hace preferir firmar sus ropas con una anti-etiqueta: un símbolo, un dibujo o sus iniciales.

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Los belgas son gente discreta, por esto Gucci, Prada y Versace no se venden aquí, donde nadie entiende el por qué gastarse una fortuna en ropa de vinyl o polyester! Católicos influenciados por el protestantismo del Norte, a los belgas les gusta que el dinero no se vea. Esto en nuestra civilización, sumamente orientada al lujo, la extravagancia y a querer impresionar a los demás, ¡es una nueva concepción del lujo!

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